La música es lo más importante en mi vida. Me hace sentir, imaginar, ser y dejar de ser. Me transporta a regiones extrañas, escenarios originales, atmósferas de ensueño. La música hipnotiza. La música sana heridas. En ella hallarás consuelo, danza, cadencia, ritmo sin fin. Poesía.

La música amplifica el placer, tanto corporal como estético. No es lo mismo hacer el quehacer en silencio que escuchando música de fondo, y qué decir de la experiencia de hacer el amor con un buen soundtrack. La música acompaña perfectamente al video, a la danza, a las letras— perfecta simbiosis. Hermoso ritmo, bendito tiempo y bendito silencio.

La vida es breve, el arte eterno. Todos podemos hacer música. Todos tenemos un ritmo interno; cada paso, cada movimiento responde a él. El alma vibra con el ritmo, todos movemos el pie al compás de una canción. La vida es baile, es movimiento. Es música. Existe un ritmo eterno: la danza de la realidad—del átomo, de las células, del polvo, del viento, la corriente, el planeta tierra, el sol. Todo permanece en movimiento.